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Vadu Printable Version PRINTABLE VERSION
by Ian Parod, Argentina Jul 5, 2007
  Short Stories
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Y estaban los tres en el bar de la esquina.

Así termino aquella película de la que todos tanto hablaban. Particularmente me gusta ese tipo de películas; claras y llenas de vida, porque mi mundo es oscuro y muerto. Películas que me hacen sentir vivo de nuevo aunque sea por un par de horas, películas que le dan amaneceres a mi vida de noche eterna.

Subo las escaleras mecánicas y siguiendo la cola de gente tumultuosa que busca desesperadamente la salida como desesperadamente busco la entrada hace mas de dos horas, paso los guardias de seguridad y salgo a la calle por la puerta principal. Allí mismo me encuentro con niños mendigos que se comportan como ratas de cloaca, digo esto porque si le das el pochoclo que te sobro a uno, los demás van a hacer lo imposible para sacárselo. Pero a mi no me importa. Miro al frente y veo el paredón del cementerio de la Recoleta, miro al cine y pienso en la ironía de que al lado de tanta vida hay tanta muerte junta.

Camino un poco cruzando la fuente y me siento en los abandonados asientos de madera que enfrentan al cine y me quedo mirando la puerta principal, veo a la gente que sale lentamente y a los guardias de seguridad que abren las puertas y controlan que antes de cerrar el cine no quede nadie dentro.

Luego, sentado en la línea que separa la vida de la muerte, me pongo de costado, mirando a la calle Junín, cerrando los ojos y siento como los ruidos a mi derecha se callan, equilibrándose a los de mi izquierda, las voces se alejan, los pasos se desvanecen y poco a poco e increíblemente, el ruido del trafico deja de sentirse. Al final todo se equilibra en la misma y silenciosa sinfonía de la muerte que todos los de mi raza escuchamos constantemente y la que un mortal jamás va a poder darle importancia porque nunca la va a escuchar.

Me llamo Sebastián Giroix, nací en Paris en 1822 y morí en Buenos Aires en 1851 a manos de Manav, una vampiresa que me devolvió la vida minutos después y si, soy un vampiro. Dentro de los de mi clase soy un Anatema, un inquisidor, me dedico a eliminar y capturar a los vampiros peligrosos, peligrosos para los vampiros. Y en este caso me toco eliminar a un poderoso ser llamado Vadu.

Vadu era una gran vampiresa muy buscada, dentro del orden que tenemos en el libro rojo es una de los diez primeras. Era esas típicas mujeres que tienden a estar siempre acompañadas por alguien de poder a su lado al que controlan y de quien se alimentan. Los mortales creen que entre ellos nada mas viven personas quisquillosas que “solo beben agua Evian” o “solo comen carne de Cabaña las Lilas”, nosotros también tenemos ese tipo de gente, y son los vampiros que dicen “me da asco alimentarme de otra sangre que no sea de sacerdote”. Vadu era una de ellas, pero solo se alimentaba de sangre de militares que tengan poder.

Ella decía que el bullir de su sangre tenia un gusto primordial y que al absorberla podía sentir en el espeso y caliente liquido su orgullo y sus ansias de poder. Tuvo varios nombres durante toda su vida y durante toda la historia, nombres tan conocidos que lo único que hicieron fue facilitarme la búsqueda: Josefina Bonaparte, Eva Brown y la que me permitió llegar hacia donde estoy ahora Eva Duarte. Fue muy estúpida, fue la primera vez que uso el nombre de “Eva” dos veces seguida y su nombre real en su nombre ficticio. Nos preguntábamos si se había confundido, si quería que la capturemos o si nos quería meter en una trampa.

Hace aproximadamente 51 años que perdí el rastro de ella cuando los militares se les dio por esconder su cuerpo y lo llevaron a Italia para que nadie lo encuentre, en realidad para que ninguno de nosotros lo encuentren porque Vadu todavía tenia a algunos los militares controlados para que la sacaran de ahí cuanto antes.

Hace 30 años Vadu llego a Buenos Aires, pero permaneció oculta y los suyos se preocuparon por ocultarla. Crearon seis muñecos de goma que distribuían por todos los cementerios de los alrededores con el fin de despistarnos, Vadu permanecía pequeñas temporadas en cada cementerio cambiándose con el muñeco de imitación que tenia, así nos despistaba. Hace una semana los investigadores descubrieron al fin la secuencia que usaba Vadu para ocultarse y si hoy tengo suerte, y los sabios no se equivocaron, la voy a encontrar detrás de este muro, dentro de su cripta a 20 metros bajo tierra y bajo la placa de acero donde dicen que está.

Camino por la calle Azcuenaga bordeando el paredón, me detengo momentáneamente y miro hacia todos lados para asegurarme que nadie me ve y cuando todo estuvo tranquilo y silencioso salto el muro y caigo dentro de la oscura tierra de los muertos.

Una vez adentro camino hacia mi destino, no solo puedo ver en la oscuridad sino que puedo sentir si alguien se me acerca o no, igualmente los guardias de este cementerio como los demás ya nos conocen y saben que no pueden decir nada, nosotros le damos dinero a cambio de que cierren la boca, de lo contrario ya saben cual va a ser su fin. Bajo la noche camino por los intrincados pasillos de la necrópolis, despacio y sin apuro, sabia en donde se encontraba la tumba de los Duarte, la visite durante mucho tiempo, miles de veces, nada mas tenia que seguir el sinuoso camino empedrado. Siempre alerta y atento, sabia que Vadu no se iba a dejar atrapar tan fácil. No es estúpida, tiene mas de 500 años.





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Ian Parod


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