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En las pared detrás de mi escritorio se pueden ver varios diplomas colgados, universidades, cursos, premios, técnicos, doctorados, masters etc. Todos con el mismo nombre: Doctor Samuel Arturo Segura, ese soy yo, y todos esos títulos y diplomas me los gane por mi experiencia y por las horas y dedicación que yo mismo le puse a la odontología, por mas esta decir que soy odontólogo, uno de los mas famosos, uno de los mejores. En este momento estoy despidiendo a uno de mis pacientes, una simple caries que solucione con un simple y fácil tratamiento de conducto, he hecho tantos y tantos que los puedo hacer sin mirar o prestándole atención a otra cosa. Ningún paciente se quejo y ningún paciente sintió dolor nunca.
La recepcionista hace pasar a una paciente nueva, alguno de mis tantos y conformes pacientes les habrá dado mi dirección o por ahí me conocía por mis logros etc, lo que si era cierto era que Maria Guadalupe estaba entrando a mi consultorio con la mejilla hinchada, roja y aparentemente infectada. Le pedí los datos, los cuales los anote en mi libreta y pidiéndole que abra la boca comencé a examinarla. Y encontré con horror lo que todo dentista nunca quiso encontrar en la boca de nadie el Síndrome Osteo-Molar de 3° grado, la situación era la siguiente, tenia la encía inflamada llena de pus, este pus no debía estar en contacto con otros dientes o se infectarían también, no se debía tragar o se infectarían los órganos internos. En otras palabras, tarde o temprano (si no era mañana el pasado) ese pus iba a salir, iba a infectar algo y Maria Guadalupe iba a morir y mi reputación con ella, estaba entre las espada y la pared, comencé a sudar, no sabia que hacer, si le decía que no podía hacer nada ponía en juego mi reputación y si hacia algo y cometía un error también ponía en juego todo lo que en mi larga vida conseguí cosechar, no se por que le dije que tomara un antinflamatorio y viniera mañana, por ahí tenia miedo de enfrentarme a esa muela ahora, así que logre extender la pesadilla hasta mañana, para tener tiempo para pensar, pensé egoístamente que por ahí la paciente fallecería hoy a la noche y mañana no tendría por que venir, mi sentencia estaba dictada, y mi trayectoria estaba en juego. La despedí esperándola mañana y prometiéndole que todo iba a salir bien hable con mi recepcionista y le dije que por hoy no iba a atender mas a nadie, estaba mucho mas que nervioso y preocupado, ya me veía en la calle, con todos los medios encima o peor aun, en la cárcel, cerrando las puertas me dispuse a ir a mi casa a descansar y a ver que podía averiguar acerca de lo que seria el ultimo diagnostico de mi vida.
Llegue a mi casa y comencé a investigar acerca de la Síndrome Osteo-Molar de 3° grado, era muy poco común, solamente en la historia del registro de la odontología se conocían 15 casos, ninguno salió favorable y el ultimo data del año 1899 en Alemania donde un paciente falleció porque el dentista le extrajo la muela y el pus lleno la boca del paciente parte de la garganta, el paciente murió al otro día. Buscando una solución posible me fui a preparar una ducha. Se me ocurrió la idea, para investigar el problema debía ver como era la muela en conflicto, así que decidí extraerme la misma muela de mi boca, soy un dentista, y no por eso debo tener la boca perfecta. Tome todos los útiles que tenia en la casa, obvio que los mejores los tengo en el consultorio, y me dispuse a comenzar la extracción, prepare la jeringa con la anestesia y clave la aguja en la encía, pero antes de inyectármela pensé que corría el riesgo de perder concentración además de la sensibilidad de la otra mitad de mi rostro, así que opte por la dolorosa manera de arrancármela directamente, si, agarrar la con una pinza y tirar muy fuerte, y así, todo sea por la ciencia procedí a quitármela. Una vez que la arranque, quede tirado en el suelo del dolor, era impresionante, sentía toda mi cabeza latir, me puse de pie y escupí sangre en la pileta del baño, mire la muela con mi mano, era una muela trasera, era tan pequeña como mi uña del dedo meñique y tenia cuatro raíces, luego me mire la encía pero me fue imposible porque toda mi boca estaba llena de sangre así que deje la muela dentro de la pileta debajo de la canilla que goteaba y me dispuse a detener la hemorragia.
No se por que se me quedo en la cabeza el ruido de las gotas de agua cayendo lentamente sobre la muela, lo que si sabia era que si no me hacia buches de agua y sal la hemorragia no se iba a detener.
Tlac, tlac, tlac, los ruidos me acompañaron hasta el living, el pasillo y la cocina, abrí la heladera, tome la jarra de agua fresca, tiene que estar fría para que los capilares de contraigan, prevenir una hinchazón y sobre todas las cosas deje de sangrar, le cloque sal gruesa y comencé a mantener el agua dentro de mi boca el tiempo posible. Luego del segundo buche con agua la sangre se había detentido considerablemente, lo que si se detuvo por completo fue el tlac, tlac, tlac. En un primer momento creí que me habían cortado el agua, pero mi sorpresa fue que cuando me acerco a la pileta del baño la muela dentro de esta había desaparecido. ¿dónde podía estar? ¿a dónde podía haber ido? No se pudo haber caído dentro del caño puesto que las rejillas eran demasiado pequeñas. ¿qué paso entonces?.
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Ian Parod
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